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Sabias Que...?

Una de las características de las sustancias con actividad antioxidante es que son capaces de reducir los efectos de los agentes agresores (polución, tabaco, alcohol, radiación solar, determinados componentes de la dieta, estrés o el propio envejecimiento, entre otros), que oxidan y lesionan nuestras estructuras corporales. En estudios recientes, tanto especias como hierbas aromaticas han sido identificadas como fuentes de numerosas sustancias fitoquímicas, muchas de las cuales contienen una importante actividad antioxidante. Entre las especias se habla de la cúrcuma, ingrediente esencial del curry y, en concreto, de los curcuminoides, los componentes con capacidad antioxidante, antiinflamatoria y moduladora del sistema inmune. No obstante, los científicos tienen todavía el reto de establecer los beneficios dietéticos y sanitarios de especias y hierbas aromáticas, de acuerdo a la dificultad que entraña determinar sus efectos a nivel orgánico.

Las especias en la alimentación

La mayoría de los estudios se centran en el cálculo de la cantidad de antioxidantes de las especias y hierbas

Las especias son compuestos vegetales aromáticos que se utilizan habitualmente en gastronomía como condimento. Desde la antigüedad, se habían usado como remedios medicinales, hasta que en el siglo XIX se empezaron a desarrollar los fármacos sintéticos, que desplazaron su uso sobre todo en los países occidentales. Además de su reconocido espacio en la cocina, donde contribuyen al sabor y al color del plato, y permiten una menor ingesta de sal, las especias se hallan en bebidas, tintes, fragancias o cosméticos.

Recientemente, especias y hierbas aromaticas se identifican como componentes dietéticos de numerosas sustancias fitoquímicas, muchas de las cuales contienen una importante actividad antioxidante. Por ello, el número de publicaciones que estudian los efectos sobre la salud de estos componentes está creciendo de forma significativa, aunque es necesario seguir investigando para llegar a conclusiones definitivas y a recomendaciones de consumo. La mayoría de los estudios se centran en el cálculo de la cantidad de antioxidantes de las especias y hierbas, en su capacidad antioxidante in vitro o en la ingesta de los principios activos de estas especias en una cantidad concentrada en forma de suplementos para comprobar los efectos orgánicos de dosis mayores. Queda mucho para conocer y definir qué trascendencia de protección para la salud tiene el consumo de las mismas especias desde el punto de vista culinario, dada la poca cantidad que se utiliza para dar sabor, color o aroma a un plato.

El caso de la cúrcuma

Dentro del amplio abanico que ocupan los compuestos antioxidantes encontramos la cúrcuma y, más concretamente, los curcuminoides y su principal componente, la curcumina, cuyos efectos en relación a la salud han sido recientemente revisados por investigadores de la Universidad de Granada. La revisión, publicada en la revista "Nutrición Hospitalaria", examina los beneficios del consumo y la suplementación de curcumina sobre algunas enfermedades crónicas con base inflamatoria, como la aterosclerosis, el cáncer, la diabetes, las enfermedades gástricas, hepáticas e intestinales, así como durante el desarrollo de alteraciones neurodegenerativas, oculares y respiratorias. Los mecanismos de acción a través de los cuales se observan los beneficios vienen dados por su actividad antioxidante, antiinflamatoria e inmunomoduladora.

La cúrcuma es conocida también por su capacidad colorante, de tono amarillo-anaranjado, que le confiere al curry su característico color. De esta manera, su uso como aditivo en los alimentos está extendido en la mayoría de países: la mostaza debe su característico color a este colorante natural, y el tono verde de los pepinillos se realza con la curcumina. Una vez tratada para que se elimine su sabor, la cúrcuma también se utiliza con el fin de proporcionar color a derivados lácteos (quesos, yogures, helados), dulces, sopas o cereales.

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Una semilla tan pequeña que puede hacer mucho por nosotros.. PDF Imprimir E-mail
Sabias Que...?
Escrito por PRAMA   

SEMILLA DE CHIA

Para los mayas, la chía (Salvia hispanica) era uno de los cuatro cultivos básicos destinados a su alimentación.

Junto al maíz, el poroto y el amaranto. De allí que ofrendaban estas semillas a los dioses, en agradecimiento por las cosechas. El uso y el cultivo de la chía en el valle de Méjico, se remonta a unos 3.500 años a.C. Para los nativos, la chía era sinónimo de aceite. En dialecto nahuatl la palabra chiactic significa aceitoso o grasoso. El nombre Chiapas, actual estado al sur de Méjico, significa “agua de chía”.

Aunque la desconozcamos, la chía resulta muy confiable como fuente alimentaria, algo demostrado por los mayas en su extendida utilización. A estas conclusiones arribaron los investigadores de la Universidad de Arizona (EEUU), promoviendo la recuperación de este cultivo subtropical en dicho país, Méjico y Argentina.

Los aztecas usaban la chía en distintos preparados nutricionales y medicinales, como así también en la elaboración de ungüentos cosméticos. Era fuente de energía para travesías prolongadas y alimento para los guerreros, combinada con maíz. Una comida típica (tzoalli) la preparaban con semillas de amaranto y chía tostadas, miel de maguey y harina de maíz. La harina de chía tostada se utilizaba en la preparación de una popular bebida refrescante y nutritiva, costumbre que, con variantes, hoy persiste en Centroamérica y se denomina “chía fresca” (agua, limón y chía). Los ceramistas y pintores utilizaban el aceite de chía para la preparación de barnices y pinturas, que se destacaban por su brillo y resistencia al envejecimiento. La harina de chía podía ser almacenada mucho tiempo, podía transportarse fácilmente en viajes largos y se utilizaba como moneda de pago para tributos y transacciones.

CARACTERÍSTICAS NUTRICIONALES

Si bien la moderna investigación de la chía se basa en su gran aporte de ácidos grasos esenciales, estas pequeñas semillas deben ser consideradas como excelentes integradores alimentarios, dada su riqueza en componentes nutricionales. Las semillas de chía representan la fuente vegetal con más alta concentración de omega 3. Poseen un 33% de aceite, del cual el ácido linolénico (omega 3) representa el 62% y el linoleico (omega 6) el 20%. La chía es el cultivo con mayor porcentaje de AGE al tener el 82% de sus lípidos con dicha característica.

Los AGE, y sobre todo los omega 3, cumplen importantísimas funciones orgánicas. Dado que el tema excede el marco de esta obra, invitamos a consultar el libro “Las Grasas”. Aquí nos limitamos a indicar sus principales beneficios para la salud: disminuyen el índice de enfermedades coronarias; ayudan a normalizar la presión arterial elevada; reducen el nivel de colesterol; protegen al corazón contra daños causados por ataques cardíacos; juegan un papel fundamental en el mejora de los sistemas nervioso e inmunológico; ayudan en el sano desarrollo del embarazo y del crecimiento infantil.

Pero además de los AGE (o tal vez por eso), la semilla de chía está muy bien dotada de antioxidantes, los cuales, además de resultar un saludable aporte dietario y terapéutico, sirven a la buena conservación del aceite. Esto explica como los mayas, sin grandes técnicas de conservación, podían almacenar la harina de chía durante largos períodos sin que se pusiese rancia, algo poco habitual en semillas oleaginosas. Los antioxidantes, además de proteger los ácidos grasos, nos protegen de tumores, afecciones cardiovasculares, inflamaciones, virus y radicales libres. Es importante señalar la importancia de los antioxidantes naturales que contiene la chía (principalmente flavonoides), en relación al amplio uso de compuestos sintéticos que hace la industria para preservar los aceites; los antioxidantes sintéticos están sospechados de ser cancerígenos y de inhibir el efecto de ciertas medicaciones.

Más allá de su excelente perfil lipídico, la chía tiene buena dosis de proteína (23%), sin ausencia de los aminoácidos esenciales y con buen contenido de lisina, aminoácido limitante en los cereales. La chia no posee gluten, o sea que puede ser consumida por los celíacos. En materia de vitaminas, es una buena fuente del grupo B. La carencia de vitamina B es uno de los factores que incrementan el índice de homocisteína en sangre, lo cual favorece la formación de depósitos de placas en las paredes arteriales e incrementa el riesgo de afecciones cardiovasculares y apoplejía.

Pero es en materia de minerales que la chía vuelve a destacarse. En materia de calcio, posee 714 mg en la semilla entera y 1.180 mg en las semillas parcialmente desgrasadas (harina); para dar una idea, la leche tiene apenas 125 mg, o sea entre 6 y 10 veces menos. Además posee gran riqueza en magnesio (390 mg), potasio (700 mg) y fósforo (1.057 mg), minerales sinérgicos al calcio. En materia de oligoelementos, la chía es una gran fuente de hierro (16,4 mg). Este valor trepa a 20,4 mg en la harina y casi triplica al hígado vacuno. La chía también contiene buenos valores de cinc y manganeso, siendo muy pobre en sodio.

Otra virtud de la chía es su buena cantidad (27%) y calidad de fibra, sobre todo en forma de fibra soluble (mucílagos). Este tipo de fibra retarda el índice de glucosa en sangre y reduce la absorción de colesterol.

PROPIEDADES TERAPEUTICAS

Las semillas de chía aportan los siguientes efectos: antioxidante, antiagregante plaquetario, antiinflamatorio, antimutagénico, anticarcinogénetico, antiviral, laxante, hipotensor, hipocolesterolemiante, hipoglucemiante, inmunoestimulante, tónico cardíaco y nervioso, y alimento mineralizante, vitamínico y proteico.

El consumo de chía resulta útil en casos de celiaquía, depresión, estrés, diabetes, obesidad, problemas gastrointestinales, tumores, artritis, asma, afecciones cardiovasculares y pulmonares, soriasis, arteriosclerosis, anemias, embarazo, lactancia, crecimiento, convalecencias y debilidad inmunológica.

EXTRAIDO DE PRAMA.

 

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