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Somos lo que Comemos
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Escrito por El Chef
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Alimentos extremadamente procesados y refinados inundan nuestros platos, elaborados en base a sabores y colores artificiales, recreados a través de sustancias químicas. No hay más que leer las etiquetas de los envases y ver la cantidad de ingredientes desconocidos que figuran en las mismas, sumado a que algunos productos ni siquiera contienen rotulado todos sus ingredientes. ¿Dónde quedó el objetivo de nutrir? Propagandas extraordinarias crean la necesidad de consumir determinados productos. En un mundo que gusta vivir de lo fácil -señala Josep Villagrasa-, la mentira es elevada a nivel científico. Y así, nos encontramos con un sistema alimenticio sustentado por grandes empresas multinacionales que conducen nuestros hábitos en base a sus intereses económicos. ¿Seleccionamos lo que ingerimos sólo por su sabor? Si la selección del alimento está guiada por un ahorro económico y/o de tiempo a la hora de elaborarlos, veremos que a la larga los alimentos que simplifican trabajo, reducen la salud, generando gastos en medicamentos y tratamientos de recuperación. ¿Qué hay con respecto a la energía de los nutrientes? Por otra parte, ¿alguna vez nos preguntamos qué relación tiene nuestra dieta con el estado actual de dispersión y confusión por el que atravesamos? Es al ser en su totalidad al que debemos nutrir. Los alimentos “falsos” generan una insatisfacción permanente, nunca sacian realmente. El hombre come de todo -dice Osho-, está completamente loco, desconoce lo que se halla en resonancia con su cuerpo y lo que no lo está. Está completamente confuso. Otra pregunta por hacernos es cómo influye la selección de los alimentos sobre la condición del planeta. Ya no podemos suponer que elegir paquetes y bolsas de una góndola es alimentarnos. Abundan vegetales y frutas contaminados con herbicidas, pesticidas, funguicidas y fertilizantes químicos, que como si fuera poco el daño físico que nos provocan, acaban por destruir los suelos en los cuales son cultivados. La tierra no es algo inerte; sino un ser vivo. El hombre le ha ido quitando la vida al ecosistema, sin saber que es él quien muere. Hombre y naturaleza no son dos. Abandonar los alimentos naturales por los refinados e industrializados, ha sido la senda de la destrucción. ¿Quién puede negar, más allá de los otros muchos factores que inciden, la relación entre las enfermedades degenerativas que sacuden hoy día a la sociedad y la dieta? ¿Cuál será el impacto de los alimentos genéticamente modificados? La ciencia nutricional de Occidente no ha hecho en general, esfuerzo alguno por ajustar la dieta a los ciclos naturales. Las estaciones pasan y la agricultura convencional está tratando de que no lo notemos. Si seguimos en este rumbo, en poco tiempo tendremos las mismas frutas y verduras en cada estación. Como resultante llevamos una dieta que aísla al ser humano de la naturaleza. ¿Será que la tierra perdió sus ciclos? ¿Somos responsables de lo que creamos día a día? Debemos revisar nuestros hábitos arraigados con los años, en busca de una mayor conciencia y responsabilidad a la hora de alimentarnos. Es evidente que la oferta es, en algún punto, la que la demanda pide. Cambiando nuestra elección, sola, se modificará la oferta. Alex von Foerster Extraído de “Conciencia y Alimentación” Autor: Alex von Foerster. |
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Somos lo que Comemos
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Escrito por El Chef
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El conocimiento de las especias y su aporte a la nutrición, están entre las más antiguas adquisiciones de la humanidad. Incluso si miramos un libro de cocina del siglo XIX o un viejo herbario de la Edad Media, podemos comprobar que nuestros antepasados sabían mucho más que nosotros. Gran parte de las tradiciones culinarias y medicinales de entonces se han perdido. Hoy utilizamos muy pocas especias, a pesar que nuestros desvitalizados alimentos modernos están particularmente necesitados del "arte de condimentar".
Es bien sabido que, aunque la comida sea sana, bien combinada y abundante, si no genera placer, no se metabolizará correctamente. El acto de "gustar"alcanza nuestras fibras más intimas. Pero esta experiencia consciente, mediante la cual comienza el proceso digestivo, no es la única que incumbe al éxito de la digestión de los alimentos. El proceso digestivo, que también se desarrolla en el subconsciente (siendo entonces objetivo y no subjetivo), depende en gran medida de la excitación del sentido del gusto.
La degustación es un proceso sensorial que inicia en la boca y esta ligada a un medio líquido. Del mismo modo, la percepción de los olores depende de la repartición muy sutil de la sustancia en un medio gaseoso. Solo podemos gustar lo que está disuelto en un medio líquido; debido a ello "se nos hace agua la boca"cuando probamos un alimento sabroso. La saliva es pues el medio indispensable para la gustación. Sobre este punto, la moderna ciencia de la nutrición ha hecho importantes descubrimientos. Ha establecido que cuanto más monótono sea nuestro régimen alimenticio, más se despierta en nosotros el deseo de variar nuestras sensaciones gustativas, completándolas con especias y condimentos. Esta modificación de los sabores tiene una repercusión general sobre la fisiología de la nutrición. De hecho, es el placer ligado a los olores y sabores lo que nos incita a comer en cantidad suficiente.
Se ha podido demostrar que añadir especias produce una mayor abundancia de secreción salivar. Las especias, al favorecer la salivación refuerzan nuestra actividad digestiva. Esta acción de las especias está ligada a un contacto inmediato con los órganos sensoriales de la cavidad bucal y de la garganta. Los platos de comida activan nuestra experiencia sensorial y es únicamente a continuación que aparece un aumento del flujo salivar.
Pero hoy sabemos también que el aumento del flujo salivar excita la secreción de otros jugos digestivos. Esto quiere decir que la sensación gustativa consciente, favorece las creaciones subconscientes del aparato digestivo. El jugo gástrico, el jugo intestinal, el jugo pancreático y la bilis circulan más abundantemente. Todos estos jugos aumentan el poder de la digestión y la fuerza de descomposición, posibilitando un dominio más rápido sobre la materia alimenticia. |
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Escrito por El Chef
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Es muy importante que sepamos que con nuestra elección a la hora de consumir determina la preferencia sobre qué modelo de producción de alimentos deseamos. Es nuestra fuerza y lo que tiene con el corazón estrecho a los grandes directivos. Cualquier producto cambia o desaparece sólo que por unas semanas decidimos arrinconar a la estantería. Por ejemplo, en Mercadona, que se caracteriza por ofrecer productos de baja calidad a precios tirados, no comercializan alimentos transgénicos porque detectaron un rechazo por parte de sus clientes. La alimentación del ganado convencional y el consumo nuestro de su carne está directamente relacionada con el empobrecimiento de los recursos y la desigual distribución de comida en todo el mundo. A veces se critica la producción ecológica al • alegando la insuficiencia de alimentos a repartir por todos, en contra del enorme sistema productivo megafundista. Hablando con los mismos conceptos es posible que esto sea cierto, pero sucede que la agricultura ecológica aspira a un nuevo concepto. En teoría una persona puede vivir de lo que salga de una superficie de cerca de una cuarteada (0,7 ha). En este caso hablaríamos de una finca ideal con huerta y ganado para autoconsumo. Pero ya no es suficiente si la destinam exclusivamente a engordar un animal. La conversión de energía es tan poco eficiente que si nuestra nutrición fuera únicamente carnívora ya necesitaríamos 20 veces más de unidades de energía. O dicho en otros palabras, un vegetariano consume veinte veces menos (territorio, recursos, suelo) que un carnívoro. El rebaño convencional se alimenta básicamente de soja, maíz y cereales, la mayoría de estos productos se cultivan en regiones en vías de desarrollo, de suelo fértil y poca cultura global de los nativos. Las grandes empresas productoras y los gobiernos llegan a acuerdos que fomentan una agricultura híper agresiva a favor del monocultivo en perjuicio de la agricultura tradicional y diversa. Estos grandes productores trabajan con semillas transgénicas y se saltan todas las leyes ambientales. La soja transgénica da una planta con gran capacidad de respuesta a fertilizantes y riego, y inmune a las aplicaciones de herbicidas (fabricados por la misma empresa). Así es como aparecen problemas de contaminación de los acuíferos, se desplaza de su actividad vital a pequeños y medianos campesinos que poco a poco pegan a la miseria, descenso de biodiversidad, afecciones y malformaciones de recién nacidos, etc. En resumen, un sistema que favorece a unos pocos, que arrasa por donde pasa, sin dejar beneficios para la economía local, un método que hace daño, que proporciona sufrimiento tanto a los que se ven afectados como el ganado enjaulado. La libertad reside en elegir a puro criterio personal, la publicidad en destacar el aspecto positivo. Y uno no puede evitar la sacudida de cabeza cuando ve leche de soja "que respeta el bosque pluvial "," que contribuye al mantenimiento de los recursos "," aporta los nutrientes para despegar por la mañana ", etc. Tres cuartos de lo mismo en cuanto a la carne, animales encerrados y agrupados en lotes donde no se pueden mover, los cuales en ningún momento pisarán tierra ni pastarán hierba, sobremedicamentats y cebados de mala manera. Hay que saber todo esto. |
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Escrito por El Chef
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¿Por qué necesitamos cambiar nuestra alimentación por una mas sana?
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